Relato · Iv C Baltazar

El cumpleaños.
Seis y catorce minutos de la tarde, María Fernanda mira constantemente su reloj rosa que usa en la mano izquierda, porque cada vez que lo hace recuerda a su pequeña Sofía que recién cumplió tres años. Ella ahora en casa de los abuelos la espera, pues hoy María Fernanda cumple 35 años. Por esa razón, esta tarde ella ha decido de salir del trabajo al menos una hora antes del horario habitual. Quiere estar a tiempo para la cita con su familia.
Mientras tanto que ella espera a que la luz roja peatonal cambie a verde, hace retrospectiva y da gracias al universo por permitirle estar aquí, muy a pesar de que pensó que no lo lograría. Sus pensamientos se interrumpen por una brisa invernal que le caló hasta los huesos muy a pesar del abrigo y los guantes. No recuerda que los inviernos fueran así de fríos, al menos no en la Ciudad de México, levanta la vista al cielo y éste se ve particularmente más oscuro que las tardes previas, las nubes cargadas de lluvia no dejan ver las primeras estrellas de la noche. Pero eso no impide que todo a su alrededor este muy bien iluminado, la temporada navideña esta en pleno y esto se refleja en camellón de la avenida repleto de luces y colores decembrinos.
A escasos centímetros de ella, nota la presencia de un hombre joven y más a su derecha una pareja de adultos mayores tomados de la mano. A éstos ella les sonríe haciéndoles cómplices de la espera del semáforo. En cuanto al hombre joven, solo lo ve de re ojo, le ha dado mala espina, pues él la mira con malicia.
La espera más larga para una luz a verde, pero en cuanto ésta aparece, lanza la primera zancada con apuro, quiere llegar cuanto antes al estacionamiento, y justo antes de cruzar la entrada que la conduce hasta su auto, todo se vuelve demasiado oscuro, un dolor la obliga a cerrar los ojos apretándolos con fuerza y el zumbido a su lado izquierdo la hace perder el equilibrio.
El cementerio y un frío pasillo de hospital.
— ¿Por qué se van todos? no lo entiendo.
María Antonia medita sobre lo que esta pasando en este momento. Reflexiona sobre las caras tristes de las pocas personas que miran a su al rededor y sin querer la contagian un poco de esa melancolía. Antonia es como le gusta que la llamen, ella no les habla y se limita solo a verlos, porque al parecer ellos no se percatan de su presencia, de que ella, realmente esta ahí. Los rostros mortificados, con ojos hinchados y rojos le hacen un nudo en la garganta en el momento que ellos se empiezan a despedir, justo en el momento en que un hombre mayor vestido de negro con voz desconocida les avisa que se tienen que ir, pues la tormenta esta a punto de estallar.
Antonia solo los ve partir, cada uno de ellos con sus ropas negras, derramando lágrimas acompañados de sollozos que los sorprenden desprevenidos al tratar de acallar el llanto que quiere salir violento desde dentro. Antonia dirige su mirada a sus propios pies, se da cuenta de que esta descalza; hay barro debajo de ellos y sin embargo no siente frío.
Vuelve su mirada hacia aquellos que le dan la espalda, eso no la deja distinguir a nadie, solo ve que en su mayoría son mujeres, lo sabe por sus cabelleras largas que son cubiertas por encajes negros. Una de ellas espera hasta el último momento antes de marcharse, se resiste a alejarse, su mirada se dirige hacia María Antonia sin mirarla y la niña la reconoce, reconoce ese rostro que es el de su madre. No pasa mucho tiempo frente a ella, solo lo suficiente para despedirse desde el corazón, sin palabras. Porque no hay suficientes para calmar su propia alma. Antonia lo sabe y se le estruja el corazón, no puede hacer más que verla marcharse a ella también, la ve por última vez mientras le da la espalda y camina detrás del resto de las personas. Le parece que ahora su madre se ve más pequeña de lo que creía, su andar cansado produce ese efecto, imagina como la cabellera negra de su madre se llena de canas por el cansancio. La madre de María Antonia desaparece lentamente, en medio de la oscura tarde que la venidera tormenta ha provocado.
Antonia se ha quedado ya sola en la oscuridad, bajo la lluvia que no resistió más y llueve a cántaros. Por alguna razón ella sabe que no puede irse con mamá pues algo en su corazón la mantiene tranquila y le complace ver que ya todos se marchan. De nuevo su atención vuelve a sus pies descalzos, desnudos y pequeños. Descubre también que trae puesto su vestido blanco favorito, el de las muchas flores de colores que su mamá hiló a mano.
Su cabello negro, largo y rizado esta atado a la nuca con un gran moño blanco… se imagina que ahora ella es la niña más bonita del mundo y sonríe para si. De súbito el cansancio llena su pequeño cuerpo y una soledad que se asoma a través del rose las ramas de los árboles. Se recuesta sobre el barro que es el piso donde ella esta de pie aunque le duela que su vestido se llene de ese fango.
Cierra los ojos bajo la lluvia que empapa sin cesar su rostro y su ropa. La moja sin mojarla del todo. A pasos lentos y apesadumbrado llega hasta ella un hombre mayor, un hombre de cabeza cana y espalda encorvada que trae consigo una pala, Antonia se sorprende de verlo tan fuerte. Ese hombre se detiene a un costado del espacio donde ella esta recostada y mira con calma como él se dispone a cubrirla con el montón de tierra que esta apilado. Mientras la tierra la va alcanzando en una rutina que se nota aprendida, el hombre entona con voz melancólica trata de suavizar el sonido de su trabajo con una bella plegaria, pronunciando el nombre de María Antonia entre frase y frase, cantando algunas canciones que han acompañado la niñez de sus propios nietos, eso justo, es lo que más le duele
— Solo ocho años, descansa en paz María Antonia… que Dios te tenga en su santa gloria.
Aunque de alguna forma Antonia supone lo que ha pasado, se toma un par de minutos en reaccionar al hecho de que esta muerta y ahora su piel esta limpia. En instantes recuerda que hace poco tiempo su cuerpo sufría de un arder por dentro y su tez blanca repleta de puntos rojos que también tapizaron sus manos, sus piernas y el resto de ella por varios días en los que sufrió mucho. Antonia se lamenta que al final no fue lo suficientemente fuerte como mamita le pedía a cada momento… sus pequeños ojos le pesaron lo suficiente para querer dormir por mucho tiempo. Instantáneamente se dibuja una sonrisa en su rostro y se da cuenta de que no tiene miedo de quedarse a descansar ahí, en aquel viejo cementerio, espera que mamá se recupere pronto y la venga a visitar… amará a su mamita y a su hermano siempre, este donde este.
*****
— Por Dios Daniel dime cómo esta mi hija ¿cómo esta María Fernanda?
Una mujer menuda de cabello corto rizado y teñido de bronce habla con el doctor del hospital de emergencias. La mujer ha perdido cualquier indicio de color en su rostro, sus ojos tienen una mirada desesperada y lo suficientemente triste como para dejar claro que esta a punto de estallar en llanto.
Mientras tanto María Fernanda siente los ojos pesados y un fuerte dolor de cabeza que no la deja hacer nada más que intentar descifrar lo que sucede a su alrededor, hay una voz que la reconoce familiar con gritos entre cortados e histéricos, pidiéndole explicaciones a alguien. María Fernanda en realidad no siente nada, no siente sus manos, no siente sus pies, nada de su cuerpo, solo el constante dolor de cabeza que es lo que la mantiene alerta. Sin poder hacer nada más e inmóvil de sus propios reflejos, se deja llevar en una camilla por un pasillo luminoso y repleto de gente que va y viene en lo que parece un caos ensayado de todos aquellos vestidos con batas blancas y estetoscopios. Su boca tiene un sabor amargo. El rechinido de las llantas desgastadas y faltas de aceite de la camilla en la que va recostada le incrementan el dolor y no le permiten escuchar con claridad las voces que hay a su alrededor, solo hay una que la mantiene conectada al exterior, se concentra en ella tratando de descifrar lo que él trata de decir.
De súbito recuerda que hoy es su cumpleaños y encerrada en su cuerpo inmóvil, se altera al pensar que su familia la espera a cenar.
— El cuerpo de María Fernanda esta muy débil, el shock la ha dejado en un letargo indeterminado… lo siento mucho Nora.
Poco a poco las voces que la mantenían atada al exterior se van apagando una vez que logra identificar que esa voz, es la de su primo Daniel y él es médico.
*****
A María Fernanda nunca le han gustado los hospitales, pero en realidad, a quien en su sano juicio le gustan. Salvo en los nacimientos o en alguna operación exitosa, no hay mucho que celebrar en aquellos espacios. Ella particularmente tiene muy malos recuerdos de la primera vez que tuvo que estar en uno.
A sus 18 años en desconcierto, se le ve caminando por los pasillos que le parecen fríos e impersonales del hospital más importante del Estado de Texas, algunos de los enfermeros y médicos del turno la miran de re ojo, parece que esta a punto del colapso, su semblante en desolador como muchos aquel día. Pero para Mafer no hay nadie más, incluso ella misma se siente ajena al espacio, es como si flotara, todo lo demás es inexistente. Lo único que le interesa es llegar a la habitación 502 donde Alejandro Salvatierra la espera.
Ella abre la puerta después de ganar su propia batalla entre ser fuerte o llorar como una chiquilla y como era de esperarse, las lágrimas comenzaron a brotar en el instante en que ella entra a la habitación y suelta un quejido de dolor al ver a Alex que esta prácticamente en huesos. Y él se esfuerza lo suficiente para regalarle una sonrisa y con los brazos conectados a la bolsa de suelo la invita a que se acerque a él. Ella se limpia las lágrimas con la manga de su suéter y con determinación llega hasta donde Alex. No sabe si besarlo en la cara o en los labios, y opta por lo segundo, nunca olvidará la sensación de esos labios deshidratados y un tanto rasposos.
— Te amo.
Le escucha decir a ese muchacho postrado en esa cama, ese muchacho que es su novio, su mejor amigo, lo más lindo que le ha pasado hasta ahora. Se le parte el corazón de verlo cansado, de escuchar esa voz ronca que tanto ha cambiado desde la última vez que se habían visto. Aquella vez que él le contó que tenía que venir a Estados Unidos para tratar de salvar su vida.
Alex solo la mira y le sorprende que a pesar del terrible dolor físico que invade su cuerpo, no quiere morir, no puede morir, quiere estar vivo para pedirle a Mafer, al amor de su vida que se case con él, quiere a toda costa formar una familia con ella y vivir felices para siempre, eso es lo único que él le pide a la vida… pero sabe que esas solo son quimeras, sabe perfectamente como su cuerpo se esta apagando lentamente y se conforma con verla, se conforma con poder mirarla junto a él y que ella haya decidido por el beso en los labios porque quizá ese sea el último beso.
La primera vez.
María Fernanda baja del auto de su padre después de un par de horas atorados en el tráfico de la Ciudad de México. Ellos vienen llegando de la central de autobuses. Mafer regresa de pasar unos días en Veracruz con sus dos mejores amigas, en su propio intento de que su amiga se recupere un poco de ánimos tras la perdida de Alex hace algunos meses.
Pero volver a casa, volver a ese espacio en el que todo le recuerda al amor de su vida, hace que toda la tristeza le llegue de súbito y recuerda perfectamente lo que fue pasar las ultimas horas sosteniendo la mano de Alex, que sin la ayuda de ese respirador artificial no hubiese podido alcanzar a despedirse de él. Se le estruja el corazón de recordarlo, de saber que él solo la estaba esperando para marcharse, para descansar al fin de la agonía de esa enfermedad que se lo llevo en tres meses.
Y las lágrimas le escurren por las mejillas, brotando sin aviso, justo en el momento en el que entra a su recámara. Quiere gritarle al cielo, al mundo, a quien sea que le haya arrebatado a su amor cuando todo era maravilloso. Llena de aire sus pulmones para seguir andando. Lo peor sigue estando, no ha desaparecido, a pensar de los meses y de las promesas de todos los que la aman de que todo estará bien.
******
— ¡Mamita, mamita, no me encuentro bien! tengo mucho frío y toda la casa me da vueltas.
María Antonia, despierta en el medio de la noche.
La pequeña lámpara que ha puesto su mamá en la repisa apenas y alcanza a alumbrarle la cara, sus ojos están dilatados, asustados. Antonia hace un esfuerzo extra para volver a llamar a Mamita, necesita que venga a ayudarla, pero su voz no es lo suficientemente fuerte para que mamá la oiga desde el otro lado del pasillo, para que venga a verla.
— ¿Por qué me duele tanto el cuerpo, porque siento como si mi sangre me quema?
Se pregunta, mientras sostiene con ambas manos su cabeza que le duele tanto como nunca antes le había dolido nada en la vida. Quiere volver a gritar, pero le cuesta tanto respirar, le duele el pecho en cada intento y siente punzadas en la espalda cada vez que el aire entra por sus pulmones y vuelve a intentarlo, intenta llamar de nuevo a su mamita… pero esta vez no lo logra, solo un hilo de sangre sale por su nariz.
El Sedán 85 | Pequeñas manchas.
María Fernanda camina por el largo trayecto que es el estacionamiento de la Universidad, va en busca de su auto, uno al que le quedan pocos años de utilidad y que fue heredado por su tío: un sedán 85. Lo localiza fácilmente pues lo ha dejado en el mismo espacio desde el primer día, cerca de un árbol que le proporciona la sombra suficiente para cuando el sol esta en pleno. Son ya casi las 5 de la tarde y da gracias que la última clase haya terminado ya. El día le pareció realmente pesado, tanto o igual que el libro de Immanuel Kant que trae dentro de la mochila.
A lo lejos y casi con apuro mira que Berenice viene para alcanzarla pues es hora de que vayan juntas a casa. Pero esta vez ella no viene sola, la acompaña un chico de mediana estatura, que a lo lejos tiene buena pinta. Conforme el par se van acercando a María Fernanda, puede confirmar que el amigo de su amiga es un chico bastante atractivo y se sorprende que incluso sienta un poco de celos de que su amiga venga acompañada por él. Y al siguiente instante le invade también la culpa.
Mafer reacciona cuando su amiga esta prácticamente frente a ella, recordando el nombre del amigo que la acompaña, que ya le había presentado hace como tres semanas.
— Claro, ¿cómo estas Rafael?
Contesta.
Después de eso, los tres se despiden. Rafael les da un beso en la mejilla antes de irse a su propio auto.
Las dos suben al sedán 85 y María Fernanda se sorprende un poco de lo que sintió cuando Rafael la besó en la mejilla.
*****
El hermano de María Antonia es el primero en darse cuenta que su hermanita no esta bien, por fortuna sus habitaciones están lo suficientemente cerca para que él pudiera escucharla quejarse. Aún con las pijamas puestas el chico de 12 años trata de consolar a su hermanita que suda frío y habla cosas sin sentido. Su pequeña cabeza parece una olla caliente. Horacio es valiente y a pesar de que se asusta de ver el rostro de su hermana llena de puntos rojos, la consuela limpiando para ella la sangre que brota de su nariz. Con sus manos temblorosas acaricia la larga cabellera de su hermana que despide humedad, le pide con su voz entre cortada que este tranquila, que en cualquier momento mamita vendrá para ayudarla. Horacio no puede evitar el llanto y en cuanto llega mamá a la habitación se hace fuerte, aclara su garganta y se limpia la cara. Se hace un lado y deja que mamita revise a su hermana, pero se mantiene lo bastante cerca por si acaso.
Mamita pone su mano en la frente de María Antonia, suelta palabras con tintes de preocupación y maldice abiertamente al ver el rostro de su hija sin espacio libre de esas pequeñas manchas rojas que a simple vista parecen diminutos pellizcos. Revisa el cuerpo de su hija, despojándola del pequeño camisón blanco de franela, para liberar un poco el calor del cuerpo de su hija y le sorprende ver la cantidad de manchas rojas que tiene su hija en todo el cuerpo y sin darse cuenta comienza a llorar.
Mamá reacciona y le pide a Horacio que despierte a papá, necesita ir por el médico, la urgencia en la voz, despabila al chiquillo que mira atónito como su hermanita esta llena de esos puntos rojos. Corre por el pasillo hasta llegar a la habitación de sus padres, entra pero no enciende la luz, porque sabe perfectamente que eso puede molestar mucho a su padre, así que a tientas y guiándose por el sonido gutural de los ronquidos llega hasta al lugar de la cama donde se encuentra durmiendo y sabe de ante mano que la tarea de despertarlo será una muy complicada. Primero intenta sacudiéndolo un poco, pero no obtiene ningún resultado, al contrario, éste solo se acomoda por debajo de las cobijas y vuelve a roncar. Horacio sabe perfectamente que ese olor a alcohol que despide su padre imposibilitará que logre despertarlo. A Horacio le molesta que su padre sea un alcohólico y se promete a si mismo que él no será como él, se promete a si mismo que siempre estará al pendiente de su madre y de su hermanita, le avergüenza que su papá se haya olvidado de ellos. Finalmente toma la decisión de ser él quien salga de casa para ir por el médico, sale de la habitación y se calza los zapatos que tiene a la mano y corre, corre sin detenerse, sabe que ha perdido minutos valiosos en aquel intento de despertar a su padre.
Horacio valiente ha regresado ya a donde su mamá y su hermanita, con él viene el médico, un hombre mayor y con un estómago prominente, que ante las prisas del niño que toco a su puerta con urgencia, solo alcanzó a ponerse unas pantuflas y una bata. El diagnóstico del médico al ver a la niña, hace que las lágrimas de Horacio salgan sin esfuerzo, pues tanto él como su mamita están totalmente desolados.
*****
— Nora, la salud de Mafer es inestable, seguirá con el coma inducido y tendremos que esperar pacientes su reacción en las próximas horas.
La mujer de los rizos cobrizos escucha al médico, que de paso sea dicho, es el hijo mayor de su hermana Rocío.
Nora derrama algunas lágrimas que le saben amargas, ella esta en desesperación, aunque sabe que su fortaleza tiene que ser mucha en este momento, pues tendrá que salir de la sala de urgencias para enfrentarse a Diego, el esposo de su hija.
Camina hacia la salida, pero antes de cruzar esa puerta de cristal se seca las lágrimas de su rostro y respira hondo tres veces, eso siempre la calma. La puerta de cristal se cierra tras ella, Diego se levanta del sillón donde esperaba intranquilo, ver a su suegra no la consuela, pues sabe que las noticias no serán buenas. Lo supo desde que fue testigo inservible de lo que pasaba con su mujer. Él con su 1.86 cm de altura, no ha dejado de morderse las uñas, la angustia y la espera, lo han hecho morderlas hasta las raíces, tal como lo hacía cuando era niño.
*****
María Fernanda se lamenta que el Sedán 85 este dando las últimas de batalla por segunda vez en la semana, el pobre coche no ha querido encender una vez más, el motor solo logra de hacer ruidos chillones y secos, mientras ella pisa el embrague intentando que su auto reaccione de alguna forma, que lo único que logra es que ahora del motor salga un humos gris espeso… es momento de despedirnos, piensa para ella. Después de varios intentos y del auxilio de algunos de sus compañeros de la universidad, el coche logró andar pero no lo suficiente como para llegar a casa. El Sedán quedó varado justo enfrente de una refaccionaria. María Fernanda baja y abre la tapa del motor, aunque si bien no sabe nada de mecánica, piensa que eso ayudará a que el motor del coche al menos libere el humo que sigue fluyendo de sus entrañas.
Un cambio de aceite no le vendría mal a tu coche – María Fernanda voltea y se sonroja al ver que Rafael se acerca para auxiliarla.
La primera cita.
Un par de semanas ya han pasado desde que el sedán 85 le hizo la jugarreta de quedar varado justo en frente de la refaccionaria donde Rafael trabaja por las tardes. Una trampa de cupido se dice así misma mientras esperan juntos Rafael y ella su turno en la fila para los tickets del cine.
A decir verdad, Mafer se siente un tanto nerviosa, por ser ésta una primera cita y porque no quiere faltar a la memoria de Alex. Pero por alguna razón, estar en este momento con Rafael le da paz y confianza, la charla que tuvieron en el trayecto hasta la plaza comercial, le vino bien para romper el hielo. Descubrió que él es hijo único igual que ella, él es nueve meses mayor que ella, que le gusta mucho el futbol y lo practica todos los sábados por la mañana y que le encanta el espagueti con albóndigas. Ella le contó que le gusta mucho leer y ver videos musicales, que sus grupos favoritos son Depeche Mode y Moby, que prefiere los postres a la comida y que el helado es lo más rico del mundo. Esa charla dejo ver también que Rafael tiene unos ojos realmente lindos, con pestañas tupidas y una voz un tanto ronca, pero lo mejor es que él tiene una sonrisa confiable y hasta tierna.
No hablan mucho ahora que están en la fila, Mafer lo mira de re ojo y si, se descubre mirándolo a los labios, se le antoja besarlos.
Ya en la sala 3 eligen sentarse en las últimas filas, pues para Mafer es el mejor lugar para evitar el mal del cine como ella lo llama. Y le gusta que eso también les de un poco de privacidad. Rafael se anima a sostener la mano de María Fernanda y es una suerte que ella lo haya aceptado, a pesar del sobre salto de la sorpresa, así que todo empieza a marchar de maravilla.
— Gracias. Me lo pasé muy bien.
María Fernanda se despide de Rafael y se acerca lo suficiente para besarle en la mejilla. Aunque hubiera preferido de besarlo en los labios.
Rafael baja del auto y camina a donde Mafer para acompañarla hasta la entrada de su casa.
— Mafer, me estaba preguntando.
Lo escucha decir.
— Me estaba preguntando si ¿quieres ser mi novia? – la voz grave del chico le vibra entre nervioso y ansioso.
Ella contesta casi de inmediato que si, sorprendiéndose a si misma de la velocidad de su respuesta.
Matices en púrpura.
Lo siento María, tu hija Antonia tiene trombocitopénica idiopática (enfermedad púrpura) y esta en una etapa delicada… no hay mucho más que hacer, salvo darle los medicamentos que te voy a dejar en la receta, es muy importante que se los des al pie de la letra y has todo lo posible para bajarle la temperatura el resto de la noche, así evitaremos que haya hemorragias y mientras esto no suceda ella estará fuera de peligro.
María Antonia sigue en su cama sudando y alucinando por la fiebre, su madre se ha quedado con ella asimilando el diagnóstico del médico, mamita no quiere separarse de su hija, ni siquiera para despedir al médico que en pijamas vino a consultar a su hija. María hace todo lo que puede por mantener a salvo a su hija, sabe que la salud de Antonia nunca ha sido la mejor, pero reza a los santos que su hija pueda salir de ésta, porque siente palpable la posibilidad de perderla.
Hace lo propio con los fomentos de agua fría y le canta canciones para tenerla conectada con el exterior, le canta canciones de cuna como lo hacía cuando Antonia era una bebé, le canta bajito, apenas al oído, rogando al cielo que el hilo de sangre no aparezca más.
Han pasado unas tres horas desde que se fue el doctor, María ahora respira un poco más tranquila porque Antonia se ha quedado por fin dormida con la fiebre casi inexistente. Se levanta por fin de lado de su hija y aprovecha para hacer la labores de la casa, pero antes de eso, toma a Horacio entre brazos y lo lleva a su habitación, lo cubre con las cobijas para dejarlo también dormir, la escuela podrá esperar a mañana. Se le estruja el corazón una vez más de ver que su hijo mayor, si bien esta dormido, tiene un semblante de preocupación, siente dolor por sus dos hijos a los que ama tanto. No le parece justo que su hijo tenga que vivir con esta angustia a tan corta edad, mientras que su padre sigue roncando sin reparo en la habitación del final del pasillo.
Horacio despierta cerca del medio día y corre a echarle ojo a su hermana que sigue dormida y se presenta con su madre que esta ocupada en lavar los platos, se ofrece para ayudar en lo que sea necesario. Él observa la cocina y le sorprende un tanto que la cocina se haya convertido en un pequeño altar con tantas veladoras encendidas.
*****
Nora de pie en la sala de espera del hospital de frente a su yerno, lista para compartir el diagnóstico del médico que de paso sea dicho, es su sobrino, se limpia los residuos de lágrimas que aún quedaban en su cara, se limpia con las mangas de su suéter púrpura que es el favorito de María Fernanda. Traga un poco de saliva y se derrumba, imposibilitando articular cualquier palabra. Damián, al mirar a su tía, se acerca y toma la palabra explicándole a Diego que su esposa tuvo que ser inducida al coma por el fuerte golpe que recibió en la cabeza, que es importante darle tiempo a las horas para que el cerebro de María Fernanda se desinflame un poco o lo suficiente para poder examinar si hay algún daño mayor. Pero él confía en que su prima es una mujer fuerte y que se recuperará pronto.
Diego solo puede pensar en su pequeña hija Sofía que no paraba de preguntar por su mamá y no tiene la menor idea de como decirle que ver a mamá tendrá que esperar.
*****
— Te amo.
María Fernanda le susurra a su novio Rafael al oído mientras éste le besa y la abraza antes de quedarse dormidos. Ellos dos han escapado de fin de semana para celebrar su primer aniversario de novios, salieron un par de días a Guanajuato. La habitación en la que ahora están, es parte de un pequeño hotel del centro, uno muy lindo y colonial con su fachada color púrpura que hace juego con las calles empedradas y un tanto húmedas de lluvia. Esta noche el descanso es merecido, han pasado todo el día recorriendo cada calle del centro.
Duermen abrazados el uno del otro y ella sabe que lo ama y no dejará de hacerlo nunca, han pasado tantas cosas estos meses que han estado juntos. Él es su complemento, la alegría que no pensó que volvería a sentir, la aventura de re descubrir sin miedo lo que es el amor. Duerme tranquila de saber que el chico que esta a su lado la ama tanto como ella nunca lo imaginó a pesar de solo tener 21 años.
Un leve movimiento de Rafa la hace abrir los ojos, él la acaricia levemente por debajo de las sábanas color berenjena, él acaricia su cuerpo desnudo y cálido. La besa en los labios y en el cuello, con delicadeza la toma de nuevo para hacerla suya una vez más, ella cierra los ojos y siente las formas del cuerpo de su novio que le hace el amor tiernamente por instantes para después convertirse en un deseo intenso del uno por el otro hasta explotar casi al mismo tiempo en un gemido que los deja exhaustos y más enamorados.
Mafer sabe perfectamente y el rostro de Rafael sonriendo complacido se lo confirma: pasará el resto de sus días con él, sabe que de alguna forma estarán juntos para siempre. María Fernanda lo mira insistente, tratando de convencerse a si misma de que el amor esta en sus manos… y también de que de ninguna manera esta fallando a la memoria de Alex. Su mejor amigo y que también fue su novio, el primer amor.
Cerca de las 6 de la mañana, el domingo ya los ha sorprendido, el canto de las pájaros y las pequeñas pisadas en el techo los han despertado. Sin embargo, no hay prisa para salir de la cama, el frío de la mañana no lo permite y es mejor quedarse debajo de las cobijas y desde ahí ser testigos de lo que sucede en el exterior, las calles que se van llenando de sonidos, de las bicicletas pasando por los charcos que dejó la lluvia de la madrugada, las pisadas húmedas de las señoras apuradas para llegar a misa de 7, los olores de provincia que invaden aquella habitación y envuelven a los dos enamorados bajo esas sábanas color berenjena.
Después de un largo y tierno beso que Mafer recibe de Rafael éste le confiesa sin rodeos que quiere vivir con ella, que la ama tanto como nunca lo había imaginado y cuando llegue el momento formarán una linda familia. Compartirán el resto de sus vidas juntos. María Fernanda escucha atenta y sonríe, no cabe duda, ella quiere lo mismo para los dos y eleva una plegaría en silencio para que esta vez así sea.
Y el tan ansiado beso en los labios, cierra esa primera cita con nuevas esperanzas para María Fernanda.
Regalos Inesperados.
El vestido blanco con las flores de colores, acaba de salir de dentro de la caja rosa que su tía le ha traído de regalo en su cumpleaños numero 6 y éste ya se convirtió en su favorito. Sin esperar la ayuda de mamita, María Antonia corre a su habitación y se cambia las ropas por su nuevo vestido con flores de colores. Vuelve al comedor danzando y moviendo sus brazos como si volara, su cabello negro y rizado revolotea por todo el lugar dejando impregnado un olor dulce. Su madre y la tía la miran con encanto. La campanilla del contador indica que el pastel esta listo para salir del horno y así poder adornarlo con la leyenda de Feliz Cumpleaños Antonia. Después de unos 40 minutos el pastel quedó hermoso, algunas golosinas de azúcar lo adornan, mismas que Horacio regaló a su hermanita como único presente a su alcance.
Algunos amigos de la escuela han venido hasta casa de María Antonia para festejar y a la hora de compartir el pastel, los chiquillos desatinados pero emocionados cantan las felicitaciones de cumpleaños. Mientras tanto, la festejada pide con todo su corazón en ello, de que siempre quiere ser feliz y nunca dejar de ser una niña… y segundos después la llama se desvanece y los presentes aplauden entusiasmados.
*****
María Fernanda espera ansiosa tomada de la mano de su esposo Diego, mientras esperan dentro del consultorio iluminado y organizado metódicamente. Esperan al primo Damián que venga con los resultados de los análisis. Su mirada se detiene en el jarrón del escritorio que esta repleto de gerberas azules conteniendo el impulso de mover la pierna, cuenta los pliegues de las flores que tiene a la vista, no quiere hacerse ilusiones falsas de que sus sospechas sean ciertas y el regalo que tanto ha esperado por fin llegue a su vida. Con una sonrisa que hace más cálido el espacio, entra Damián que en manos trae un folder amarillo con el nombre completo de maría Fernanda Martínez León y un número de paciente.
Conforme Damián les va dando el diagnóstico, Mafer recibe tiernos besos de su marido, el sueño se ha hecho realidad y ya puede respirar tranquila, un bebé de 6 meses de gestación viene en camino, el matrimonio no cabe de alegría y Diego mira a su mujer con adoración, aquella misma mirada de la primera vez que supo que la amaba, cuando Mafer viajó por segunda vez a España, su dulce, guapa, inteligente y cariñosa María Fernanda.
*****
María Fernanda acaba de cumplir 8 años, recorre las calles con su bicicleta nueva que su papá le acaba de regalar por su cumpleaños, ella pedalea con fuerza tratando de borrar de su mente lo que acaba de oir de sus padres. Ella no quería escuchar la conversación de sus padres, pero llegó justo en el momento menos indicado.
—No quiero que la niña se entere.
Fue lo primero que escuchó de su madre y la hizo detenerse fuera de la habitación y ser testigo del resto de la charla.
— Nora, me parece que Mafer debería de saberlo, ya tiene edad suficiente para saber que algunas cosas malas pasan, además tarde o temprano se tendrá que enterar y será mejor que lo sepa por nosotros y no por alguien más de la familia. Se que es un tema delicado, pero prefiero que lo platiquemos de una vez.
La lluvia obliga a Mafer a volver a casa, además ya pasan de las siete de la noche y para ese momento sus padres deben de estar ya preocupados. En cuanto entra a casa, su mamá con los ojos cansados y una leve sonrisa en el rostro, le pide que se siente, que tienen algo muy importante que decirle. Ella obedece y presta atención, aunque ya sabe de qué viene la platica que quieren tener en ese momento sus padres.
Y mientras Mafer parece prestar atención, en su cabeza planea encontrar la forma de consolar a su abuelita y aunque logra entender que la enfermedad esta bastante avanzada, quiere de alguna forma decirle a su abuelita que todo va a estar bien. Solo se le ocurre de llevarle a Bobby, su oso de peluche que la ha acompañado toda su vida, Bobby siempre le ha ayudado a no tener pesadillas, él cuida sus sueños y la protege cuando los rayos del cielo aparecen en las noches de lluvia. Confía que él le ayudará a su abuelita a no tener miedo.
Un par de meses después de esa charla que tuvieron sus padres con Mafer, su abuelita partió al cielo. María Fernanda se enfrenta por primera vez a una perdida importante, sin saber aún que la vida le tenía preparadas algunas más.
Entre una vida.
Hace demasiado frío en la habitación, todo es impersonal y sin gracia. Una enfermera toma el expediente de María Fernanda Martínez León y lo mira indiferente, solo haciendo su trabajo de rutina. Mafer tendida sobre una cama individual, lleva puestas una bata blanca, y un par de tubos que entran por su nariz y la boca, no sabe cuánto tiempo ha pasado en ese lugar. No sabe que ya son tres semanas en las que no ha despertado del sueño profundo en el que esta sumida, el sueño donde extrañamente ha brincado por algunos momentos de su vida y por otra donde es una niña de ocho años que se parece tanto a ella y que lo único que las une es su larga cabellera negra y rizada. De vez en vez esa niña que tanto se parece a ella, llega entre sueños y se detiene a su lado, la toma de la mano y le cuenta al oído que las cosas del otro lado no están tan mal. Le agradece en secreto que haya tenido una vida más larga que la que ella pudo tener siendo Antonia. Aveces también le canta mas mismas canciones de cuna que le cantaba mamita antes de dormir. Los ojos de María Fernanda de llenan de agua cuando escucha los cantos en esa voz infantil que le hacen pensar en su hija Sofía. Llora por dentro y grita, se molesta porque extraña tanto a su familia, extraña las caricias y los besos de su esposo Diego al que ama con el alma. Da rabietas en su interior porque añora la mirada de ojos verdes de su pequeña Sofía que solo tiene tres años.
Algunas veces entre los ruidos mecánicos de las máquinas a las que está conectada escucha la voz de su madre que todo el tiempo reza y repite oraciones que hace mucho Mafer no usa. Trata de memorizar las frases para repetirlas cuento entre sueños y silencio se siente sola… piensa que tal vez repitiendo todo aquello que escucha de su madre la ayude a despertar y lo hace con devoción.
*****
Es la primera vez que Mafer esta en un quirófano, nunca tuvo que estar antes en uno, pues no hizo falta. No hubo huesos rotos, tampoco apéndices que quitar, ni siquiera por un diente difícil. Solo aquella vez donde hace años se tuvo que despedir de Alex, su tierno amor Alejandro. Aunque los doctores le imponen y las enfermeras le sonríen amables, ella busca los dulces ojos de su esposo, se conforma con sentir su mano que la sostiene. Un pinchazo le anuncia que esta a punto de perder un poco de noción de la realidad, sabe que tiene el tiempo justo para decirle a Diego que lo ama demasiado, éste le sonríe y la reconforta diciéndole que siempre estará a su lado, y que en un rato más conocerán a su hija que esta por nacer.
El llanto de su hija la vuelve consiente del momento y hace lo posible por salir del letargo que se encuentra por la anestesia. Estalla en lágrimas, es el momento mágico que habían estado esperando, ansía conocer a su hija. Con las palabras torpes pregunta si la bebé esta bien, una enfermera se acerca con la niña envuelta en una manta blanca. En el momento en el que tiene a su hija en brazos siente que el corazón se le sale del pecho. Es hermosa piensa, es perfecta se corrige y antes de que se la vuelvan a llevar la besa en la frente.
Sofía se va en brazos de la enfermera y la lleva donde Diego quien la recibe maravillado y muy nervioso. En instante que la tiene en brazos sus ojos verdes dejan ver que se llenan de agua y se derraman algunas lágrimas. En su alma se mezclan una serie de emociones, miedo, amor infinito y alegría todo aquello colmado de una devoción por su pequeña Sofía.
Diego agradece que su mujer le haya dado el mejor regalo de su vida, tenerlas a ambas es casi un sueño. Sofía es la bebé más hermosa del mundo, la cuidará por siempre, su pequeña princesa. “Eres tan hermosa como tu madre” le dice y sonríe al mismo tiempo que confirma el amor infinito que siente por María Fernanda, que suerte de haberla conocido casi por casualidad aquella tarde en el aeropuerto de Madrid. Antes de que lleven a Sofía a las revisiones de rutina, lo dejan que le de un beso, y promete a si mismo que siempre estará para ellas.
Ramo de Flores | Ticket de avión.
María Antonia es observada por su mamita que esta en la cocina y ella la mira solo un poco más tranquila de que hasta el día de hoy su hija haya estado con buena salud desde aquella vez el hospital a los cinco días de nacida y ahora que esta a punto de cumplir 6 años la niña vive emocionada por la ilusión de su fiesta de cumpleaños. María agradece que Antonia haya sido valiente a pesar de lo que opinaban los doctores cuando ambas salieron del hospital. La madre de María Antonia deja atrás sus propias cavilaciones y regresa la atención a su hija que charla con las flores del jardín y con el viento, que según ella son sus mejores amigos. María deja de limpiar los trastes y sale al jardín para sostener a su hija en brazos y le dice que la ama con todo su corazón.
Antes de entrar a casa, Antonia roma un pequeño ramo de flores silvestres para regalarlo a su madre y les agradece en voz alta que le permitan tomarlas de su hogar para llevarlas dentro y ponerlas en un jarrón, el preferido de su mamita. Regresan a la casa tomadas de la mano, se sientan al rededor de la mesa acomodando las flores en ese jarrón, mamita promete cuidarlas para que ellas sean felices de estar en su cocina. El final de la tarde se acerca y la hora preferida de ellas ha llegado, el tiempo de la merienda, que siempre acompañan con leche endulzada con miel y panqué de frambuesa. El aroma que se impregna en toda la casa es maravilloso, María Antonia no cambiaría para nada la hora de la merienda y más cuando su hermano Horacio las acompaña “El se sabe los mejores chistes de la historia” siempre que puede lo dice orgullosa.
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Mafer mira incrédula el ticket que tiene en sus manos, no puede creer que lo haya logrado, no puede creer que haya comprado un boleto de avión para su primer viaje a Europa. Lo guarda cautelosa antes de salir del edificio, lo mete entre las páginas del libro que esta leyendo y ya en el elevador presiona PB. Por instinto se mira orgullosa al reflejo del elevador, pues sus ojos tienen una chispa diferente y su respiración es un tanto acelerada, pero eso no le importa, sabe que es por la adrenalina del momento.
Ahora tiene que volver al trabajo y deja atrás las oficinas de Iberia, detiene un taxi y sube en él, siempre protegiendo su valiosa pertenencia. El taxista insiste en hacerle la plática, pero ella no esta interesada, lo único que quiere hacer es llamarle a su amiga Pamela para decirle que lo ha logrado, que dentro de un mes se encontrarán en Madrid para tomar el vuelo que las llevará a Boloña, en Italia. Una de las preguntas del hombre que la conduce de regreso al trabajo, la hace cavilar aún más sobre si misma y se da cuenta de que a sus 29 años y sin haberlo pensado antes, ha logrado mucho en la vida, ella trabaja en publicidad desde hace varios años ya, renta un piso con un par de amigas, es independiente, se puede costear un auto que usa poco, pero que es su orgullo personal. Agradece al universo la oportunidad de recomponer su vida, pues hace algunos años no creía que ella tenía un futuro… borra de inmediato el atisbo de melancolía que llegaba de súbito. Y regresa a la emoción de tener su boleto de avión.
El vibrar de su celular la devuelve de sus cavilaciones y atiende la llamada de Alberto, un compañero de la oficina, pues al parecer hay problemas con la producción el lanzamiento del nuevo producto. Es momento de volver a la realidad y deja para después el mariposeo de su estómago.
Una herida muy grande | El vestido favorito.
Son las 11:45 de un viernes funesto, María Fernanda esta desesperada, enciende otro cigarro, en espera de que la llamada sea contestada; primer todo, segundo tono y finalmente el buzón de voz.
Una vez más Rafa ha decidido no contestar.
Fuma impaciente y aguanta las lágrimas, pues ya no quiere derramar más, le duelen los ojos. Las manos tiemblan y eso provoca que las cenizas del tabaco quemado caigan sobre su vestido favorito.
Odia sentirse en este encierro de su habitación. Y odia más que ésta se impregne de ese humo espeso, sofocante, que se pega a las paredes. Mientras que allá afuera, Rafa sonríe en brazos de otra.
Hace un mes él la miró con lágrimas y le pidió tiempo. Ella lo creyó a medias. Las señales estaban ahí, pero prefirió abrazarse a la promesa de mudarse juntos el próximo año. Tres años y medio construyendo un futuro… y ahora, todo se derrumba como un castillo de arena.
El precio que tengo que pagar por amarlo tanto. Susurra, apagando el cigarro en un cenicero improvisado. La lampara se apaga también, dejando que la oscuridad le envuelva el rostro húmedo.
El silencio pesa. Solo lo rompen los sollozos que Mafer intenta ahogar contra la almohada, que se ha vuelto su confidente.
El corazón le late roto, como un cristal estrellado.
Cierra los ojos, se deja hundir. Y justo antes de perderse en el sueño, un único deseo se le cuela, frío y sereno: Ojalá me quede dormida para siempre.
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— Me gusta mucho tu vestido.
Habla en su mente Mafer mientras mira a Antonia. Entre ellas que ya casi se han vuelto una sola, no hacen falta palabras. Se comprenden sin decir nada.
— Me gusta que tenga tantas flores… estoy segura que a Sofía le encantaría tener uno igual al tuyo.
Un zumbido agudo irrumpe, llenándole la cabeza. María Fernanda se siente aturdida, desubicada. Después de tantas semanas viviendo entre sueños, ya no sabe donde está. Solo percibe el frío, colándose hasta los huesos. No puede moverse, la ansiedad crece.
Intenta abrir los ojos. No quiere seguir en la oscuridad. Antonia, ya no está; se ha marchado junto con el olor a flores que la había acompañado todo este tiempo.
Cuando por fin logra abrirlos, la luz de las lámparas que la vigilan día y noche. Le golpea los párpados, éstos arden.
Horas de escala | El último recuerdo.
Son las cinco de la mañana, en el Aeropuerto de Barajas en Madrid. El avión sobre vuela el espacio aéreo en espera de una pista disponible para aterrizar, todo es oscuro aún sobre la ciudad y aunque el amanecer llegará pronto, Mafer no tiene oportunidad de ver algo de España aún en el cielo.
María Fernanda que en pocos meses cumple los 30 años, esta ansiosa por descender del avión, doce horas de vuelo merecen estirar un poco las piernas. Mira al hombre que la acompañó todo este tiempo, su cara bonachona y confiable le da los buenos días en alemán.
En cuanto las sobrecargo les dan la indicación se levantan de sus sillones y avanzan lento sobre el estrecho pasillo del avión hasta la salida.
Inevitablemente esta nerviosa, no tiene mucha idea de lo que sigue una vez que descienda del avión, aunque una voz en las bocinas se ocupó de explicar un par de veces los procedimientos para los pasajeros que están en conexión.
Afortunadamente para ella, al parecer todos se dirigen al mismo lugar, así que sigue al resto por el espacio solitario que es el aeropuerto a esa hora. Baja unas escaleras eléctricas, solo después de pasar por algunas tiendas duty free con libros, revistas, perfumes y botellas de alcohol.
Sube al tren al igual que el resto de los pasajeros que venían en aquel avión y unos 8 minutos después sube por otras escaleras eléctricas y se topa con la fila que la conduce a las cabinas de los agentes de migración.
— Buenos días.
Saluda y entrega su pasaporte sin recibir respuesta del oficial en turno. Éste le devuelve su pasaporte sin hacer ninguna pregunta. Ella lo toma y lo mira emocionada, su primer sello que queda como testigo de su entrada a Europa en España.
Sigue caminando detrás de algunos pasajeros que como ella dejaron atrás la fila de personas y busca en los letreros de colores el número de la sala a la que se tiene que dirigir. Mientras estaba en el aire cruzó por su cabeza el salir del aeropuerto para conocer un poco de Madrid, pues tendrá que esperar unas 7 horas a que su amiga Pamela llegue también hasta acá para así poder tomar el siguiente vuelo a Bologna. Desechó la idea pensando que las 5 de la mañana es muy temprano para hacer de turista en una ciudad que no conoce.
El tiempo pasa lento y sin prisa, ella sigue su camino entre los pasillos, no puede creer que solo haya pasado una hora desde que bajó del avión, cada uno de los relojes que están en las diferentes salas de espera se lo confirman. Mafer oficialmente esta aburrida.
Sigue caminando y como una revelación ve a un par de señoras que deben de rondar la edad de su madre y las recuerda de venir en el mismo avión que ella, esta casi segura de que también son mexicanas. Se acerca a ellas. Y las saluda. Afortunadamente responden a su saludo y la invitan a sentarse con ellas.
Se presentan entre todas y le dicen que son hermanas, que están de vacaciones para visitar a su hermana mayor. Solo están esperando que su sobrino Diego llegue por ellas.
A las hermanas les hace emoción darle algunos tips a María Fernanda para una visita rápida a Madrid, incluso se les ocurre que su sobrino sea el encargado de darle un paseo rápido por la ciudad si ella se decide.
Han pasado cerca de 30 minutos y un chico alto aparece a la vista, se acerca sonriente y aunque un tanto formal, la saluda con la mano. A Mafer le gusta que use lentes y que tenga una barba abundante que se ve impecable. El chico viste jeans, una polo negra y un jersey del mismo color.
El hecho de que Diego, el sobrino de las señoras que recién acaba de conocer, este guapo, termina de convencer a Mafer de seguir su consejo sobre salir a conocer un poco la ciudad.
Salen los cuatro juntos por la puerta principal del aeropuerto. Mafer camina junto a ellos como si fueran viejos conocidos, suben al auto de Diego y siguen por la ruta principal.
Pasan las horas y Diego, fiel a su promesa la devuelve al aeropuerto con el tiempo suficiente para que ella pueda tomar su siguiente vuelo. Para ese momento, ellos ya intercambiaron correos, números de teléfono y direcciones postales. “Siempre serás bienvenida a Madrid” le dice Diego y se despiden con un par de besos. Mafer esta muy emocionada.
Camina por los pasillos del aeropuerto buscando la sala correcta en donde tendrá que abordar el vuelo a Bologna y también busca entre los pasillos a su amiga Pamela que por la hora debió ya de llegar a Madrid desde México.
Ya en la sala, mira de lejos a Pamela y se forman para abordar su siguiente avión.
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— Buenas noches.
María Fernanda responde al saludo amable de la pareja de ancianos que al igual que ella esperan que el semáforo peatonal se ponga en verde. Hoy es su cumpleaños 35 y a ella le gustaría llegar a esa edad a lado de su esposo Diego, reflexiona.
Cuando por fin la luz verde aparece, Mafer camina lo más rápido que puede, le urge llegar a su auto para estar a salvo de lo que ella siente como una amenaza. Un niño pequeño pidiéndole algunas monedas se la acerca y se le estremece el corazón al darle unas monedas y algunos caramelos que tenía en su bolsa.
No tarda más de dos segundos en hacer aquello y sigue su camino apresurada, echa un ojo detrás de ella. Se calma un poco por el hecho de ya no ver al joven que le había provocado escalofríos. Hace su paso más lento, suponiendo que el peligro ya no existe.
Saca de su bolsa su teléfono celular, marca al número de Diego, su esposo, solo quiere avisarle que ya esta por llegar a su auto y que solo le tomará unos 20 minutos encontrarlos en el restaurante. Justo en el momento en el que Diego esta por pasarle el teléfono a Sofía. La misma voz aterradora que escucha su esposa lo estremece. Una voz penetrante se escucha al otro lado de la bocina. Le exige que le de el dinero que tiene en la cartera y también le pide las llaves del coche.
Diego no sabe que hacer… salvo tratar de calmar el hombre que esta ahora con su mujer.
Mafer trata de no entrar en pánico. Mira al joven que esta igual o más nervioso que ella. Mete la mano dentro de su bolsa para darle las llaves y el hombre le grita que es una tonta y que se va a morir por querer pasarse de lista. Esos gritos la estremecen y le hielan la sangre. Comienza a llorar y los nervios la traicionan. Lo último que ella siente es un fuerte golpe en la cabeza y la luz desaparece… se da por vencida y cierra los ojos sin saber qué mas hacer.
Entre sueños Mafer siente las palpitaciones de su cabeza que le duele infinitamente, sus oídos se llenan de silencio y de tristeza su corazón. En el fondo ella tiene miedo de caer en el pozo profundo por el que deambula desorientada.
María Fernanda.
Una enfermera entra rápidamente hasta donde Mafer esta acostada. Presiona algunas teclas del teléfono que tiene cerca y explica rápidamente. Momentos después entra Damián, el médico y que también es primo de la paciente para hacer una revisión detallada de Mafer que recién abre los ojos.
— Mafer ¿me escuchas?
Pregunta Damián y María Fernanda trata de contestar, mientras tanto una luz blanca pasa de uno a otro de sus ojos. Éstos le vuelven a doler. Quiere responder, pero tiene la garganta seca y los tubos le estorban en la traquea, así que solo opta por mover su mano derecha. Eso hace que Damián su médico olvide cualquier protocolo y le marca directo a su tía Nora.
María Fernanda es trasladada a una nueva habitación, donde estará instalada para el resto de su recuperación. Ahí ya la esperan Diego y su hija Sofía. Ambos emocionados porque ella esta consciente y ha vuelto con ellos. Mafer no lo sabe aún, pero Diego estuvo con ella siempre que pudo mientras estuvo en terapia intensiva. No perdía una sola oportunidad para decirle a su esposa cuanto la ama y que le rogaba que regresara con ellos, por esa razón, este es el mejor momento que ha tenido últimamente, verla sonreír es el mejor regalo de aniversario que puede recibir.
Diego sabe que no es el mejor momento para tomar decisiones importantes, pero esta decidido a llevar a su familia a casa, él quiere volver a España.
*****
Pasaron tres meses desde el día que María Fernanda entró a la sala de urgencias en una camilla después de un asalto que sufrió en un estacionamiento un viernes saliendo de su oficina. Ahora ella camina normal hacia la salida del hospital, con ella viene su esposo Diego, su hija Sofía y el resto de su familia. El auto los espera y ahora van a casa.
Los padres de Mafer aún no saben la decisión que se ha tomado, pero en cuanto ella este en condiciones de viajar se mudarán a Madrid.
Aunque prefiere no pensar mucho en ello, por la nostalgia que la idea le provoca dejar al resto de su familia en México, sabe que las razones de su esposo Diego son válidas: montar su propio despacho de diseño industrial e interiores. Aunque si bien la razón principal de vivir en España es el amor que Diego tiene por fu esposa y su hija. No quiere volver a vivir el pánico de perderlas en cualquier momento.
Despedida
María Fernanda va camino a casa de sus padres, que le han preparado una reunión de despedida. Es una fiesta, pero con tintes de melancolía.
Conforme el trayecto a casa de sus padres va tomando forma, Mafer observa las calles de la ciudad. Siente un poco de ansiedad de volver a enfrentarse a éstas, le da miedo saber que algo malo le puede pasar a alguien más de su familia. Pero el pequeño bulto que hace Sofía entre sus brazos que va dormida, le da el valor se sabe que mudarse puede ser una buena alternativa. Una nueva vida les espera en el país de Diego, su esposo.
Y mientras el trayecto sigue, desde su interior algo la hace despedirse de las calles que le han sido familiares todos estos años, con cierta nostalgia pues las recorrió toda su vida.
Un evento desafortunado.
María Fernanda termina de arreglarse y echa un vistazo al espejo, mira detenidamente la foto que se tomó hace una semana y en la que está junto a Alejandro, comprueba que el vestido que escogió para la fiesta de graduación de bachillerato le sienta bien. Se mira a si misma ya como una mujer y se siente orgullosa de si misma. Le encanta su pelo largo, negro, rizado.
Alex la espera en la entrada principal de su casa, le alegra pensar que el ser novios esta funcionando mucho y esa confianza de amigos, los mejores amigos, sigue siendo la misma. Esta misma semana, ellos cumplen un año de novios, lo cual es increíble… maravilloso. Se corrige.
Mafer sube al coche de Alex y de entrada le parece que él no esta en sus mejores días. Su sonrisa imborrable en éste momento lucha por plasmarse al menos un poco en su rostro. Él le regala una flor y se la entrega al siguiente instante de que la saluda con un beso en los labios.
Siguen su camino, les tomará al menos 30 minutos llegar al lugar de la fiesta de graduación del fin de la preparatoria. Ésta será una noche larga y muy divertida para todos y darán la bienvenida a la universidad, que vendrá con nuevas experiencias.
Si bien el trayecto a sido casi todo en silencio, un par de calles antes de llegar al evento, Alex detiene el coche y abraza a Mafer con tal fuerza que casi duele, él le repite insistente que la ama y que es lo mejor que ha tenido hasta ese momento en su visa. La besa casi desesperadamente como si al dejar de hacerlo la vida se le fuera entre sus manos.
— ¿Pasa algo?
Pregunta María Fernanda.
— No lo sé.
Alex duda antes de continuar.
— Es solo que hoy recibí una mala noticia.
En ese instante que lo escucha los ojos de Mafer se llenan de agua y de su rostro se borra cualquier atisbo de alegría. Su cara se vuelve pálida.
— Dime qué pasa.
Ella le suplica.
— Recuerdas que últimamente había tenido mareos constantes y muchas nauseas.
Ella solo asiente con la cabeza.
— Pues mis padres decidieron de hacerme unos estudios, para saber qué es lo que me tenía así de descompuesto.
La voz de Alex de corta, pues el trata de seguir hablando y al mismo tiempo quiere aguantar las ganas de llorar. Él tiene que seguir hablando, explicándole a su novia que los resultados de los exámenes son peor de lo que pudieron haber creído.
— Tengo una leucemia muy avanzada.
Alex termina por decir. Y no resiste más las lágrimas no paran.
— No estás jugando conmigo ¿verdad?
Alcanza a decir María Fernanda, que para el momento también esta hecha pedazos.
— No, desafortunadamente, no. Mis padres quieren que nos vayamos a Houston en Texas, pues investigaron y al parecer los especialistas en el tema están en ese hospital. No quieren que nos demos por vencido.
Alex termina de decir a duras penas.
Ambos se quedan en un silencio que se cuela hasta los huesos. Mafer solo atina a tomar su mano y hace todo su esfuerzo por dejar de llorar. Lo único que se le ocurre es a preguntarle a Alex si ir a la fiesta es buena idea.
Él contesta que si, quiere disfrutar de la fiesta. Posiblemente la última de su vida. Quiere despedirse de sus amigos y pasar una buena velada con los chicos con los que ha crecido. Olvidar que esta enfermo y disfrutar del amor de su vida.
— Te prometo que haré todo lo que este en mis manos para sanar, para que podamos formar una familia en cuanto me recupere.
Mafer escucha de Alex y se dan un último beso en el coche, uno largo y un tanto melancólico.
Caminan tomados de la mano y más unidos que nunca.
*****
María Antonia está en los brazos de María, su madre. Ella la carga por última vez, siente el débil cuerpo de su hija que después de poco más de un mes de lucha ha dejado de pelear.
La abraza con fuerza y le besa en la frente dejándole su bendición, sabe que el cielo la espera, una niña tan buena como Antonia en lo único que puede convertirse es un ángel. María, respira hondo tratando de ser fuerte. Al mismo tiempo que con delicadeza va limpiando los rastros de sangre del rostro de su hija.
Le quita la bata de dormir que tiene pequeñas manchas rojas y vuelve al cuerpo de su hija, quiere borrarle cualquier rastro de la enfermedad.
Instantes después Horacio aparece por la puerta de la habitación, trae con él como la carga más preciada y delicada, el vestido blanco de flores de colores, que era el favorito de su hermana. Sus ojos hinchados ya no pueden derramar más lágrimas, aunque su corazón está tan triste porque su hermanita los ha dejado.
Su hermosa hermana Antonia que partió en la madrugada. Se fue al cielo. Y sabe que lo más difícil viene en camino y solo de pensarlo los ojos le duelen. Quiere seguir llorando, pero duelen.
Una hora más tarde. María, Horacio y su padre. caminan rumbo al viejo cementerio, acompañan a Antonia en un último paseo por las calles de su ciudad; mismas que la vieron crecer éstos ocho años de vida.
Algunas personas se unen a ellos en el camino, tratando de consolarlos de alguna forma, se hacen empáticos del dolor de la familia. Será difícil dejar a la niña en aquel lugar.
Una lluvia repentina hace presencia en el peregrinar. Las gotas tímidas pero constantes, se funden en los rostros tristes de todos aquellos que avanzan tras la carroza que lleva la caja blanca donde María Antonia parece simplemente estar durmiendo.
Preparativos.
María Fernanda y su pequeña hija Sofía estén en casa empacando las ultimas cajas que mandarán por paquetería. Terminando los últimos detalles para su mudanza a España.
Diego ya esta en Madrid, ellas dos se encontrarán con él en un par de semanas. Su esposo partió hace más de un mes para finalizar los trámites de la casa en la que estarán viviendo y será en el mismo lugar pero en la planta baja, donde Diego montará su despecho de diseño.
En éste momento, ellas siguen rodeadas de cajas de mensajería y Sofía encuentra una más pequeña donde hay muchas fotos impresas. Sofía entusiasmada le pide a su mamá que le cuente historias de esas imágenes. Pero lo que más le interesa es saber como se enamoraros sus papis.
María Fernanda con una sonrisa comienza a contar la historia de su amor con Diego.
— La primera vez que vi a tu papá yo tenía 29 años y fue gracias a tus tías Jimena y Alicia, que lo esperaban en el aeropuerto de Madrid. Mientras tanto yo estaría de espera unas siete horas en lo que llegaba tía Pamela, pues esa primavera, ella visitaba a sus tíos en Italia y me invitó a viajar con ella.
— La primera vez que vi a tu papá fue como amor a primera vista, el flechazo de mi corazón fue inevitable al mirarlo de lejos. Tus tías nos presentaron y él me llevó en un rápido paseo por Madrid, fueron las cinco horas más bonitas que había vivido, tu papi hizo de guía turista par ami y me mostró sus lugares favoritos de la ciudad.
— En cuanto yo regresé a México nos escribimos casi todos los días y hacíamos video llamadas, para mi fue inevitable el enamorarme de tu papi, él es muy guapo.
— Sí, papito es muy guapo.
Contesta Sofía emocionada por la historia que le cuenta su mamá.
— La siguiente vez que nos vimos fue en el verano de mi cumpleaños 31. Tu papi me invitó a pasar unos días con él en Madrid. Así que ahí estaba yo, en la misma puerta del aeropuerto donde nos habíamos conocido. En cuanto nos volvimos a ver, tu papi me abrazó y me besó. Yo sabía que le quería, estaba locamente enamorada de él, de esos ojos verdes tan lindos… y que son igualitos a los tuyos.
Sofía Sonríe orgullosa.
— Ese primer día que llegué a Madrid, tu papá me llevó a casa de tus abuelos. Ellos organizaron una pequeña reunión de bienvenida, tu abuelita Mariana tenía muchas ganas de conocerle y me recibió con mucho gusto en su casa.
— Esa noche conocí a casi toda la familia.
— ¿Y también conociste a tía Marce?
Pregunta Sofía mientras muestra a su mamá una foto de Marcela, la hermana de Diego.
— Si, también conocí a tu tía Marce y a tu tío Manolo.
— Bravo.
Aplaude Sofía.
— Tu papi, me llevó a conocer Valencia. Una ciudad hermosa a orillas del mar mediterráneo. Visitamos la Horchatería y Chocolatería de Santa Catalina. La Plaza de la Virgen y también el Mercado central.. ah y el Jardín de Turia. Ahí estuvimos un par de días.
— En cuanto regresamos a Madrid para pasar el resto de la semana y visitamos muchos otros lugares que le gustan tanto a tu papá. Fuimos también a Barcelona, el viaje lo hicimos en tren. Y es como un sueño recorrer todo el país en tren. España es muy hermosa.
— Barcelona es una ciudad que también me gustó mucho, tu papá me llevó a conocer el Parque Gúell con su formas y colores vivos. Caminábamos ya tomados de la mano, me sentía muy feliz de estar con tu papá, lo amaba desde ya muy intensamente.
— Fue ahí en aquella ciudad y sin tener la más mínima idea, tu papá me pidió que me casara con él”
— ¡Yupi!
Contesta Sofía.
— Yo le dije que sin sin pensármelo dos veces.
— Porque amabas muchísimo a papito.
— Sí, porque amaba muchísimo a tu papito.
Contesta María Fernanda a su hija.
— En cuanto regresamos a Madrid, le dimos la noticia a tus abuelos y decidimos de volver juntos a México para contárselo a tus otros abuelos. Lo que no sabíamos es que esa visita de tu papá de dos semanas para el anuncio de nuestro compromiso. Terminó con una visita de cinco años. Nos casamos en México y naciste tu… nuestra dulce Sofía.
— ¿Algún día me van a llevar papito y tu a conocer todos esos lugares que visitaron cuando eran novios?
La pequeña Sofía le pide a su madre, mientras las fotos van cambiado de manos.
— Claro que sí corazón.
— Emocionante.
Sonríe Sofía conforme.
Después de varias horas más, todo queda listo en casa de María Fernanda para dar por terminado el proceso de mudanza.
Sorpresa…
Esa misma noche, la abuela Nora les ha preparado una fiesta sorpresa de despedida. Aunque el hecho de que su hija y su nieta se vayan al otro lado del mundo la pone melancólica, de alguna forma eso también la hace feliz, pues sabe que Diego es el mejor hombre que su hija pudo hacer conocido, saber perfectamente que se aman y espera con el corazón que sea así para siempre.
María Fernanda y Sofía bajan del auto. Traen un pequeño pastel para el postre, lo que ellas saben es que van a cenar esta última noche en casa de la abuela Nora. Mafer se hace valiente, no quiere hacer un mar de lágrimas y se anima pensando que en pocas horas faltan para volar a Madrid y por fin estar con Diego, su esposo al que extraña tanto.
En cuanto abre la puerta de casa de sus padres, se sorprende y se le llenan los ojos de lágrimas que tanto había tratado de aguantar en el camino. Llora de la emoción de ver a Diego que la recibe con un ramo de flores, Mafer lo mira atontada y cuando él la abraza y la besa en los labios. Sale un poco de su aturdimiento y se da cuenta de que muchos de sus amigos y familiares están en casa de sus padres para despedirlos.
Agradece que Diego este con ella, pues sin él la despedida hubiera sido más dura. Él lo supo siempre y por eso esta ahí. Con ella, abrazando a su chica de cabello negro, largo y rizado.
La velada se hace agradable y afortunadamente para los que se quedan las horas pasan lento, aprovechando cada instante con Mafer y la pequeña Sofía. María Fernanda y Diego reciben promesas de la familia Martínez León de que viajarán a visitarlos en cuanto estén instalados y organizados en su nueva casa en Madrid.
Nora abraza por un largo instante a su hija, a su nieta y a su yerno antes de que éstos salgan por la puerta principal. Pasarán algunos meses más para que ella vuelva a verlos.
*****
Son cerca de las siete de la noche y los tres van ya rumbo al aeropuerto de la Ciudad de México. María Fernanda hace memoria del evento desafortunado que la mantuvo en el hospital cerca de un mes. Recuerda claramente a María Antonia y se promete así misma que vivirá intensamente y hará de Sofía la niña más feliz del mundo. Busca la mano de Diego que esta sentado a su lado y la sostiene con fuerza. Él le dice que todo estará bien, que la ama y que nunca dejará de hacerlo.
— Todo es perfecto.
María Fernanda escucha a Diego.
Madrid.
Sofía cumple hoy, seis años. María Fernanda agradece que las cosas estén saliendo perfectas, tal cual le dijo diego en aquel taxi rumbo al aeropuerto en México.
En este momento en sus brazos Alonso su hijo que tiene dos meses de nacido llora un poco, le incomoda la posición en que su madre lo esta cargando. En cuanto ella lo recompone el bebé vuelve a su semblante de tranquilidad y lo dejan en la cuna. Es momento de cantar las mañanitas a Sofía.
En cuanto Mafer llega a donde el resto de los invitados rodean a su hija, se la hace un hueco en el corazón de verla con ese vestido blanco con flores de colores que se parece tanto al que Antonia vestía cuando se le aparecía en sueños cuando ella estuvo en coma en el hospital.
Diego carga a Sofía en brazos para alcanzar las velas del pastel y así, su hija pueda pedir un deseo.
La vida continúa….
María Fernanda mira orgullosa a su hija Sofía que esta recibiendo su diploma tras haberse graduado de agente literario. Diego su esposo, como siempre esta a su lado sosteniéndola con fuerza.
Estos años juntos han consolidado su relación y ver crecer a sus hijos es lo mejor que pueden esperar de la visa.
Alonso, el menor de sus hijos esta sentado a su lado, decidido de seguir los pasos de su padre y estudiar diseño industrial. Ayudando así a mantener el prestigio y crecimiento de la empresa que fundó su padre antes de que él naciera.
En un par de años Sofía se casará con Iker, su mejor amigo desde que llegaron a España. A maría Fernanda la historia de su hija le hace recordar la propia con Alejandro… su brillante estrella que siempre la acompaña.
En cuanto salen del recinto, los cinco, incluyendo a Iker, caminan por las calles de Madrid, se les nota como una familia feliz. Mafer sabe que de alguna forma cada evento de su existencia, incluyendo los dolosos llegaron para formar el camino de María Fernanda en este espacio del tiempo y se siente agradecida porque tiene lo mejor que pudo esperar tras su segunda oportunidad.
Despedida.
— Te quiero mucho abuela.
María Fernanda escucha la dulce voz de su nieta Valentina.
Con ojos cansados enfoca a sus hijos, que se encuentran a la izquierda de su cama. Mira a su hija Sofía, que es una hermosa mujer, con los mismos ojos verdes y mirada dulce que tenía su esposo Diego. Al que amo y seguirá amando siempre.
Sofía esta de la mano de su esposo Iker. Además de Valentina también distingue a Daniel, su hijo menor.
Mafer les sonríe tranquila y llena de paz. A su derecha ya esta Diego, su esposo, su amor. Sabe que ha llegado el momento de partir para estar juntos a donde tengan que ir.
Antonia también esta en la habitación, la saluda animada. A su mente llegan memorias de cuando ella también tenía ocho años.
Las palabras de su hijo Alonso la devuelven a la realidad. Escucha decirle que la quiere y que la va a extrañar mucho. El olor a flores invade el espacio.
Mafer con voz cansina pide a sus nietos que le regalen un beso. El primero en acercarse es Daniel. Le besa la cara y con cuidado de no lastimar el cuerpo de su abuela también la abraza. Valentina hace lo propio en cuando Daniel lo permite. De igual forma la abraza con mucho cuidado y la besa. Finalmente Alondra y Alejandro sus nietos más pequeños que no saben muy bien que hacer se acercan y la abrazan. Le dicen que la aman.
Elena, esposa de Alonso también se despide y se lleva a los más jóvenes de la habitación. Es el momento de que los hermanos se despidan de su madre. Iker la sigue.
María Fernanda con sus manos suaves y arrugadas. Improvisa una bendición para sus hijos. Les asegura que esta bien y que su papá ya esta esperándola. Les dice que los ama y que disfrutó mucho vivir su vida estos años. Tenerlos ha sido el mejor regalo que el universo pudo darle.
Ella siente el cansancio cada vez más pesado y decide que es momento de descansar. Cierra los ojos y se queda dormida. Siente como su corazón se va apagando poco a poco, hasta dejar de latir. El último suspiro que exhala su cuerpo es la señal de que Mafer a partido.
María Fernanda toma de la mano a Diego, dejando atrás su cuerpo de anciana para caminar a lado de su esposo luciendo de 29 años, la misma edad que tenían cuando se conocieron. Caminan juntos por un pasillo luminoso que los condice hasta un jardín donde muchas otras personas reposan. El sol brilla cálido todos el espacio.
En ese mismo jardín a lo lejos la esperan también sus padres y algunas otras personas que conoció y fueron cercanas en su pasado. Mira al rededor, en espera de encontrarse con la mirada de Alejandro, su mejor amigo de la adolescencia y que también fue su primer amor. Diego sabe lo que su esposa esta buscando y le hace saber que Alejandro ya no esta ahí. Le cuenta que lo conoció en aquel lugar, pero él ya volvió. Alejandro decidió renacer en otra vida en cuanto supo que Diego estaba ya para recibirla. Alejandro ahora es David.
No le toma mucho tiempo darse cuenta que María Antonia y ella siendo María Fernanda. Siempre fueran ella misma. Diferentes tiempos y vidas, pero ella misma.
El tiempo ahora no es tiempo, solo es la espera de volver a intentarlo, de regresar para hacerlo cada vez mejor.
FIN
Todo sigue.
— Bienvenida Majo.
El doctor de algunas palmadas en el pecho de la recién nacida para ayudarla a respirar por si sola. Es necesario de poner a trabajar esos pequeños pulmones.
Mientras tanto Valentina aún aturdida por la anestesia le pregunta a su esposo David si la niña esta bien. Él contesta que es maravillosa, la bebé más perfecta del universo.
Los abuelos de Majo. Alonso y Elena así como el resto de la familia. Están en la sala de espera ansiando conocer a Majo.
Alonso es el primero en derramar algunas lagrimas en cuanto tiene a su nieta en brazos, pues le hace escalofríos en el cuerpo de ver en la bebé el rostro de María Fernanda. Su madre.